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Wednesday, 13 January 2010

Sobre la reforma laboral: discrepando de Egócrata y Calzada (¿otra vez?)

Egócrata escribía hoy sobre la necesidad de la reforma laboral. Además, en referencia a su primer punto sobre la estructura dual del mercado laboral enlaza una anotación mía de hace ya ocho meses. En gratitud por el hecho de que me enlace el autor de un blog que anda 6.000 puestos por encima del mío en el ránking de Wikio (y en diciembre sólo era superado por uno de los blogs de Red Liberal - ¿adivináis cuál?) lo menos que podía haber hecho es comentar. Pero se me ha pasado el día volando entre reuniones y trabajo y al final no lo he hecho. Y ahora voy a ser más desagradecido todavía y me voy a permitir discrepar.

He releído mi anotación de hace ocho meses y sigo pensando igual: la estructura del mercado laboral es profundamente injusta y los más débiles están pagando los privilegios de los más fuertes. Sólo por eso cualquier gobierno socialista que se precie debería querer reformarlo: sí, recortando derechos a los más privilegiados (aquellos con contratos indefinidos) para incrementar la protección de los más débiles (aquellos con contratos temporales, los autónomos y los parados). Vamos, redistribución de oportunidad en vez de redistribución de renta.

Pero también estoy parcialmente de acuerdo con Kantor, que en un comentario le dice a Egócrata:


"A mi esto de la reforma laboral me parece un fetiche. No es urgente en absoluto. Lo urgente es firmar los convenios al - 15% en el sector público y -10% en el sector privado.
Mira los chinos: tienen una indemnizacion de 30 dias por año, y unos salarios compatibles con ella."

Estoy de acuerdo en que reducir la indemnización por despido (que debería ser uno de los pilares fundamentales de la reforma laboral) no nos va a ayudar a crear más empleo a corto plazo. ¿Por qué? Pues porque cuando la economía esté lista para crear empleos se hará con nuestros ultra-flexibles contratos temporales. Esto no quita que haya otros elementos de una reforma laboral que sí que pudieran ayudar a que hubiera una recuperación más rápida del empleo. Por ejemplo, rebajar los gastos asociados con contratar empleados (como las cotizaciones a la Seguridad Social) e incluso prescindir del sistema anacrónico de los convenios colectivos (herencia del franquismo - ¿hay alguien que dude de que en materia económica Franco era igual de socialista que estos socialistas incompetentes y tan pasados de moda?).

Pero me quería enfocar en una reforma asociada con el mercado laboral pero que normalmente queda fuera del ámbito de la reforma laboral: la facilidad con la que se puede abrir una pequeña empresa en España.
Y es que una economía inovadora y dinámica (¿y sostenible?) debería incentivar el espíritu empresarial - debería haber muchos más autónomos intentando crear riqueza (para sí mismos y, por lo tanto, para la sociedad en general).

Pero, ¿qué es lo que pasa? Pues que en este país el espíritu empresarial no se incentiva, sino que se le ahoga en burocracia. Ayer hablaba acerca de esto Gabriel Calzada en la Tertulia Económica de César Vidal en EsRadio. Coincido con él en lo fundamental, pero no en cómo lo dice (jo, váis a pensar que le tengo manía, y no es así). Apunta acertadamente la labor investigadora de Hernando de Soto pero después nos deleita con una anécdota que pretende que nos tomemos como evidencia de que lo que dice es cierto: al parecer, en capacidad personal, intentó replicar el experimento de Hernando de Soto en España haciendo los trámites para crear una pequeña empresa y tardó ... ¡seis años!

Mi problema es que el usar anécdotas personales en plan sensacionalista hace que muchos pensemos que la persona que las usa carece de rigor y seguramente no tiene evidencia concreta de que lo que dice es cierto. Afortunadamente, en este tema sí que tenemos evidencia rigurosa. La encuesta Doing Business del Banco Mundial lleva ya varios años midiendo la facilidad con la que se puede abrir un negocio en más de 180 países, y uno de los indicadores es el número de días que se ha de dedicar a los trámites burocráticos. Agárrense que los resultados del 2010 pueden sorprenderles:

(1) En España lleva un promedio de 47 días hacer los trámites para abrir un negocio. Vale, no son los seis años de Calzada, pero es el número más elevado de toda lo OCDE, superando en casi 20 días al penúltimo país de la OCDE - Austria, donde se tardan 28 días. Para comparar también incluyó otros países en el gráfico: Chile (que ha sido invitado a formar parte de la OCDE hace nada), Argentina, mis dos países africanos favoritos (Malawi y Mozambique) y el Perú de los experimentos de de Soto. Todos estos también lo hacen mejor (en menos tiempo) que nosotros. Entonces, ¿no hay nadie que lo haga peor? Bueno, para esto nos podemos comparar con las economías del eje bolivariano de Chávez - a lo mejor resulta que ZP se ha propuesto seguir el modelo venezoloano, donde se tarda 141 días en hacer los trámites.



(2) Pero es que el ránking de la facilidad con la que se abre un negocio se determina también con otras cosas (por ejemplo, número de documentos a rellenar, gasto medio en relación a la renta media), y en ese ránking total resulta que quedamos por detrás de incluso Venezuela. Ocupamos el puesto 146 de un total de 183 países valorados.



En conclusión: he aquí una reforma más urgente para crear empleo que la reforma laboral.


Recompensa para aquellos que han llegado al final de una entrada tan larga:
El único blog de Red Liberal situado por encima de Materias Grises en Wikio en diciembre era el de
Elentir. Y antes de que alguién pretenda corregirme, es cierto que en el ránking de enero Barcepundit también está por encima de Materias Grises.

Sunday, 3 May 2009

Las dos velocidades del mercado laboral español

El debate de anoche en Libertad Digital me ayudó a entender mejor lo que ocurre con el mercado laboral en España. No se me aclararon las ideas por lo que se dijo en el debate, sino más bien por el hecho de que las dos posiciones representadas, tan opuestas y tan lejos la una de la otra, eran una ilustración perfecta del problema.

Por un lado los dos sindicalistas, con muchas batallas a sus espaldas, velan por los intereses de aquellos trabajadores con contratados indefinidos y por un sistema de pensiones que les ha de beneficiar dentro de no mucho tiempo. Proponen que el mercado laboral español es ya demasiado flexible: no hay más que mirar la tasa de temporalidad, la más alta de la Unión Europea como se ve en el gráfico, o el ritmo al que se está despidiendo a la gente (una argumentación igual a la que hizo hace unos días Elena Salgado).



Por otro lado, dos jóvenes liberales asalariados defienden la necesidad de reformar un mercado laboral que es el más rígido de la OCDE, como demuestran la posición número 160 en el indicador de la encuesta Doing Business del Banco Mundial (analizada en una anotación anterior) y mucho más elocuentemente nuestros cuatro millones de parados. También se muestran preocupados por lo que implica el sistema de pensiones actual para los trabajadores de su generación.

Ránking global de flexibilidad del mercado laboral

Fuente: Doing Business 2009, Banco Mundial

Y es que, aunque no se dijo durante el debate, quedaba claramente ilustrado por las dos perspectivas que se presentaban: el mercado laboral español es un mercado de dos velocidades. Es así como se puede explicar que parezca que los dos puntos de vista tengan razón.

Lo que ocurre es que de la población activa de 23 millones una mitad, aquellos asalariados con contratos indefinidos, tienen unas garantías y un nivel de protección sin igual dentro de la OCDE. Y la protección de esos 11,8 millones de trabajadores que tanto defienden los sindicatos no sale gratis.

Los que pagan esos derechos son los más desprotegidos, los que en muchos casos son los más débiles. Es la otra mitad de la población activa: los asalariados con contratos temporales, los trabajadores por cuenta propia y los parados. Es con ellos con los que se ha cebado el paro en los últimos 12 meses. Y es que el incremento en 1,8 millones de parados es el reflejo de una caída de un 10% en el número de trabajadores por cuenta propia, la caída den un 20% en el número de asalariados con contratos temporales y las nuevas incorporaciones a la población activa. Es lo que intenta ilustrar el gráfico, aunque no sé si lo consigue.



¿Pero cómo contribuye este sistema de dos velocidades a una mayor tasa de paro? Lo mencionaba de pasada Lorenzo Ramírez durante el debate y yo creo que se trata del quid de la cuestión. Si una empresa tiene que ahorrarse 3.000 euros al mes y tiene un trabajador con contrato indefinido que cobra 3.000 euros al mes y tres trabajadores con contrato temporal cobrando 1.000 euros al mes, ¿qué hará? Puede que al empresario le sea más valiosa la contribución de los tres trabajadores temporales, pero dado el gasto asociado con prescindir de los servicios del trabajador fijo la probabilidad de que se queden sin trabajo tres personas en vez de una es mucho mayor.

La conclusión final es que en España una mitad de la población está pagando los excesivos privilegios de la otra, y los que están pagando son los más débiles. La reforma laboral, que en realidad sí consiste en el recorte de la protección de una gran parte de los trabajadores, no se trata de acomodar las demandas de capitalistas avariciosos, de empresarios sin escrúpulos. Se trata de un ejercicio necesario de justicia social y solidaridad con los más desprotegidos: trabajadores por cuenta propia, asalariados con contratos temporales y parados, la mitad de nuestra población activa, 11,3 millones de personas. ¡A ver si nos enteramos!